Pasar de “funciona en mi máquina” a “funciona en producción” es el salto real cuando una empresa adopta contenedores. Docker resolvió la estandarización del empaquetado y la ejecución; Kubernetes resuelve la orquestación, la operación y la escalabilidad a nivel plataforma. Pero el cambio no es solo tecnológico: implica procesos, seguridad, observabilidad y un modelo operativo sostenible.
En esta guía proponemos una hoja de ruta práctica para evolucionar de Docker a Kubernetes con garantías, minimizando riesgos y evitando los errores más habituales en entornos PYME y gran empresa.
Por qué Kubernetes
Docker aporta portabilidad y consistencia en el runtime. En cuanto aparecen necesidades como estas, el enfoque basado únicamente en Docker se queda corto:
- Escalado y reparto de carga automáticos.
- Alta disponibilidad y autorecuperación.
- Despliegues progresivos (canary, blue/green) y rollbacks fiables.
- Seguridad consistente (políticas, RBAC, segmentación de red).
- Observabilidad completa (métricas, logs, trazas) y SLO/SLA.
- Gobierno y control de costes (cuotas, límites, multi-tenancy).
Kubernetes no es “un destino”, sino un modelo de operación para ejecutar servicios de forma predecible y gobernada.
Hoja de ruta: del contenedor al entorno productivo
Fase 0: Alineación de objetivos y criterios de “producción con garantías”
Antes de mover un solo workload, conviene acordar qué significa “con garantías” para vuestra organización. Recomendación: definid criterios medibles, por ejemplo:
- Disponibilidad objetivo por servicio (SLO).
- RTO/RPO (recuperación ante desastre) para servicios y datos.
- Seguridad: requisitos de hardening, control de acceso, auditoría y gestión de vulnerabilidades.
- Operación: ventanas de mantenimiento, estrategia de upgrades, responsabilidades.
- Entrega: frecuencia de despliegue y estrategia de rollback.
Salida de esta fase: un mapa de aplicaciones (criticidad, dependencias, requisitos de datos) y una priorización para el piloto.
Fase 1: Estandarizar Docker (base sólida antes de orquestar)
Si las imágenes y los contenedores no están bien construidos, Kubernetes solo amplificará los problemas. Checklist mínimo:
- Dockerfiles reproducibles y revisados (multi-stage cuando aplique).
- Imágenes ligeras y con superficie reducida (dependencias mínimas).
- Contenedores sin privilegios (evitar root siempre que se pueda).
- Health checks coherentes (liveness/readiness) y timeouts realistas.
- Logs y señales (SIGTERM) gestionadas correctamente para apagados limpios.
Objetivo: que el contenedor sea “operable” y no solo ejecutable.
Fase 2: Supply chain y seguridad desde el inicio (shift-left sin fricción)
La cadena de suministro del software es una de las principales superficies de ataque. En una transición a Kubernetes, merece la pena estandarizar:
- Registro de imágenes corporativo (con control de acceso y trazabilidad).
- Escaneo de vulnerabilidades en CI y políticas de bloqueo por severidad/criterio acordado.
- Firmado/verificación de imágenes para reducir el riesgo de artefactos manipulados.
- Gestión de secretos (rotación, mínimo privilegio, evitar secretos en repositorios).
Fase 3: CI/CD y estrategia de despliegue (de despliegues manuales a entrega controlada)
Para producir valor con garantías, Kubernetes debe integrarse en un flujo de entrega consistente:
- Pipelines con etapas claras: build, test, security gates, empaquetado y promoción.
- Artefactos inmutables: una imagen por versión, con etiquetas y trazabilidad.
- Entornos definidos (dev/pre/prod) y promoción controlada entre ellos.
- Estrategias de despliegue: rolling, blue/green o canary según criticidad.
- Rollback probado (no “teórico”).
En organizaciones con necesidades de auditoría y consistencia, GitOps suele ser un gran acelerador: el estado deseado vive en Git y el clúster converge de forma controlada.
Fase 4: Diseño de plataforma Kubernetes (arquitectura, red, almacenamiento y acceso)
Aquí se decide gran parte del éxito operativo. Puntos clave:
- Modelo de clúster: gestionado vs autogestionado, single vs multi-cluster, y criterios de aislamiento (por entorno, por dominio, por criticidad).
- Redes: estrategia de Ingress, certificados TLS, balanceo, WAF si aplica.
- Segmentación: NetworkPolicies para limitar el tráfico entre namespaces/servicios.
- Almacenamiento: StorageClasses, rendimiento, backups y restauración.
- Identidad y acceso: integración con el proveedor de identidad, RBAC y principios de mínimo privilegio.
- Gestión de configuración: ConfigMaps/Secrets y estándares por equipo.
Fase 5: Seguridad en Kubernetes (políticas, hardening y controles operativos)
Kubernetes aporta mecanismos potentes, pero no vienen “seguros por defecto” si no se configuran. Recomendaciones habituales en producción:
- RBAC granular y revisiones periódicas de permisos.
- Pod Security y estándares de ejecución (evitar privilegios, capabilities innecesarias, hostPath, etc.).
- Políticas (por ejemplo, validación de manifiestos y cumplimiento de estándares internos).
- Seguridad de red: segmentación y cifrado cuando aplique.
- Protección en runtime y detección de comportamientos anómalos en contenedores.
- Gestión de parches y ciclo de vida del clúster (upgrades planificados).
La clave es convertir la seguridad en un conjunto de guardarraíles que habilitan a los equipos, no en un freno.
Fase 6: Observabilidad y operación (lo que separa un piloto de una plataforma real)
Sin observabilidad, la operación se vuelve reactiva y ruidosa. En producción, el estándar mínimo debería cubrir:
- Métricas (infra, clúster y aplicación) y alertas accionables.
- Logs centralizados con retención y búsqueda eficiente.
- Trazas distribuidas para diagnosticar latencias y dependencias.
- Dashboards por servicio, equipo y plataforma.
Fase 7: Migración por oleadas (minimizar riesgo y acelerar aprendizaje)
- Empezad por un piloto con bajo riesgo y alto aprendizaje (servicio stateless, con dependencia controlada).
- Aplicad un enfoque por oleadas: agrupar servicios por dominio y dependencias.
- Decidid por servicio: rehost (lift-and-shift), refactor parcial o rediseño si el retorno lo justifica.
- Tratad los datos como un proyecto aparte: backups, replicación, ventanas, consistencia y pruebas de restore.
Lo importante es crear un patrón repetible: plantillas, estándares y automatización para que cada migración sea más rápida que la anterior.
Errores habituales al pasar de Docker a Kubernetes (y cómo evitarlos)
- Migrar sin observabilidad: se detecta tarde y se opera con incertidumbre.
- Convertir Kubernetes en “otra VM”: contenedores con prácticas de servidor tradicional, sin readiness/liveness ni escalado.
- Seguridad como tarea final: después es más caro y frágil (y suele bloquear el go-live).
- No definir ownership: quién opera el clúster, quién opera los servicios y quién responde ante incidentes.
- Subestimar el estado: bases de datos y almacenamiento requieren diseño específico y pruebas de recuperación.
Checklist rápida para “producción con garantías”
- CI/CD con promoción entre entornos y rollback probado.
- Imágenes escaneadas, con trazabilidad y criterios de aceptación.
- RBAC, políticas de ejecución y segmentación de red implementadas.
- Backups y restauración verificados (incluyendo datos si aplica).
- Observabilidad: métricas, logs y alertas accionables.
- Proceso operativo: upgrades, incidencias, runbooks y responsabilidades claras.
Cómo puede ayudar Hopla
En Hopla acompañamos a equipos técnicos en la adopción y operación de plataformas cloud-native, combinando modernización de aplicaciones, servicios gestionados de Kubernetes y enfoque de ciberseguridad para que el paso a producción sea sostenible: desde el diseño de la plataforma y la automatización CI/CD, hasta la observabilidad y el gobierno operativo.
Si estáis valorando una migración de Docker a Kubernetes, una buena práctica es iniciar con un assessment (aplicaciones, dependencias, riesgos y quick wins) y un piloto con criterios de éxito medibles.
Preguntas frecuentes (FAQ)
No exactamente. Kubernetes orquesta contenedores; Docker (u otros runtimes) se usa para construir y ejecutar imágenes. En la práctica, Kubernetes complementa y estandariza la operación a escala.
Cuando necesitáis alta disponibilidad, escalado, despliegues controlados, políticas de seguridad consistentes, observabilidad y un modelo de operación repetible. Si solo tenéis uno o dos servicios sencillos, puede no compensar aún.
Se pueden ejecutar en Kubernetes, pero requieren diseño específico: almacenamiento persistente, rendimiento, backups y restores probados, y un plan claro de recuperación. A veces conviene usar servicios gestionados para reducir complejidad.
Con un enfoque por capas: RBAC y mínimo privilegio, políticas de ejecución (Pod Security), segmentación de red, control de imágenes (escaneo/firmado), gestión de secretos y monitorización en runtime.
Depende de la madurez actual y del alcance. Un piloto bien planteado puede aportar valor en semanas (automatización y estabilidad). La consolidación como plataforma de producción suele ser un proceso iterativo por fases.